Manufactura

¿Cómo se pinta el plástico que utilizas en el día a día?

El plástico se pinta por aspersión y en movimiento. La pieza avanza colgada de un transportador y va recibiendo el recubrimiento en capas delgadas, con un tiempo de evaporación entre cada una y un curado final a la temperatura que el propio plástico permite.

La carcasa de tu laptop, el gabinete de un electrodoméstico o el celular que traes en la mano salieron de una línea así. Lo que hace que ese acabado se vea parejo y aguante años no es el color que se eligió, sino qué tan controlado estuvo cada paso de la aplicación.

Dentro de la cabina, y con la pieza ya limpia, la pintura se atomiza y se deposita pasada por pasada. Cada una tiene que traslaparse con la anterior alrededor de la mitad, a distancia constante y con la pistola perpendicular, porque las piezas de plástico casi nunca son planas: tienen radios, aristas y zonas de sombra donde el recubrimiento se adelgaza o se acumula. Un espesor disparejo se nota de inmediato en el brillo y en el tono.

Entre una capa y otra hay que dejar que el solvente salga. Si la siguiente entra antes de tiempo, ese solvente queda atrapado y aparecen los defectos que todos conocen: piel de naranja, poros, hervido. Y al final está el horno, que es el punto más delicado de la línea, porque la temperatura de curado la fija el plástico y no la pintura: la pieza empieza a deformarse antes de que el recubrimiento alcance su curado ideal.

En Marél desarrollamos Devise, nuestra línea de recubrimientos para piezas de manufactura. Trabaja sobre plásticos como ABS, HIPS y policarbonato, y se formula a la medida de cada cliente, según las especificaciones que su producto debe cumplir y el acabado que busca: mate, satinado o de alto brillo.

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